lunes, 21 de mayo de 2012

Salmonetes con Miel de Romero



Ingredientes para 4 personas:
800 gr de de salmonetes
1 limón
1 cucharada de miel de romero
1 cucharada de bayas rojas
romero fresco
aceite de oliva
sal y pimienta.
Preparación:
  • Descamar los salmonetes y lavarlos. Quitarles la cabeza y la espina central y dividirlos en filetes.
  • En una sartén, calentar, a fuego suave, un chorrito de aceite junto con unas hojitas de romero. Añadir los filetes de pescado y freírlos unos minutos por cada lado, sin que lleguen a tostarse demasiado. Retirarlos y reservarlos al calor.
  • Agregar al fondo de la cocción el zumo del limón, la miel de romero y unas cuantas bayas rojas, lijeramente aplastadas; sazonar con sal y pimienta y cocer, a fuego suave, durante unos minutos, sin dejar de remover.
  • Regar los salmonetes con la salsa preparada y servirlos inmediatamente decorados con gajos hojas de limón.

Fuente: Gourmet-recetas

Souvenir, memorias gourmet


Todo viaje implica un descubrimiento, una búsqueda, una aventura hacia el mundo externo, o hacia nosotros mismos. Disímiles pueden ser los propósitos, innumerables los móviles que nos hacen desandar caminos más allá de nuestro terruño, del raigal espacio que de siempre conocemos.
Sin embargo, en ese transitar hacia las afueras de nuestra cotidianidad un recuerdo constante queda (o se lleva) como memoria nítida de lo vivido, de lo disfrutado. Es justamente allí donde la elección, la incitación o la cultura marcan el destaque y dicho souvenir no irremediablemente alude a piezas históricas, de vestuario, de la artesanía tradicional; la identidad se extiende más allá y colma los espacios de la gastronomía, asumiendo incluso nítidos matices gourmet.
Así, podría decirse que en general todo el que parte siempre regresa con un placer en las valijas, una muestra de lo mejor de los campos, las cocinas o la sapiencia de las gentes oriundas de los territorios visitados, “descubiertos”.
Cercano ejemplo es sin dudas el exquisito Jamón Serrano, joya insigne de la culinaria española, junto a sus seductores vinos, sus aceites, su orujo y qué decir de sus turrones, símbolos de por sí de las valencianas Jijona y Alicante.
Y Europa, por supuesto, sigue ofreciendo más deleites, de Suiza viajan los chocolates; Portugal entrega impetuosa sus Oportos; e Italia, pródiga, nos sitúa ante un debate entre la tentación y el peso del equipaje, con su vasta diversidad: ya sean quesos como el Parmesano, jamones como el Prosciutto o, quienes gusten de las libaciones, optarán, además de sus excelentes vinos, por la Grappa y el Limoncello.
Grecia nos convida a estupendos aceites, su característico licor Ouzo y a lo mejor de los quesos de oveja con su Feta. Alemania ratifica el legado de su cerveza, sus suculentas salchichas, su gusto por el buen hacer. Francia establece una franca seducción mediante su excelsa tradición culinaria, distintivos quesos, la pastelería y, en especial, los vinos con la reconocida D.O. Champagne. Mientras, Inglaterra propone su ginebra, expandida al mundo y, que después de tantos años de historia, aun lidera ventas y consumos internacionales.
Bebidas también impetuosas, personalísimas trascienden otras tierras europeas para expandirse más allá de sus orígenes y rememorar en manos del viajero o sus afectos lo mejor de la producción foránea. Quién no piensa en Rusia cuando de Vodka se habla, o en tierras escocesas envuelto en los efluvios del poderoso whisky.
Asia milenaria, de gustos arraigados, perceptibles y muy internacionalizados, guarda todo un caudal. Allí está la India para aderezar con sus especias los platos del mundo. Del arroz proviene el Sake, destilado de los japoneses, ancestral como su cultura. Y el té es un cálido lazo con el que se envuelve toda la región para placer de los que llegan, para sorpresa grata de quienes lo reciben.
En los tórridos, voluptuosos entornos del Caribe y las Américas, las ansias igualmente encuentran pretexto y respuesta para quienes buscan atesorar, degustar memorias. Humeantes, muy apetecibles, se alzan las tazas del café venido de Colombia o Costa Rica. México le pone tono de fuego a lo que toca con su chile y al sur del continente Brasil alienta a los voluntariosos con su Cachaça, mientras otro destilado, no de la caña, pero no por ello menos autóctono, deviene símbolo del Perú: el Pisco, que ya tiene estampa en la ruta global.
Chile y Argentina marcan paso fuerte en la cultura contemporánea con el poderío de sus vinos de maravilla. Así, Nuevo y Viejo Mundo se reencuentran entre simientes espectaculares, terroirs únicos con un resultado inigualable, certeza de delicia siempre.
Fuerza, mieles, historia y armonía van de la mano en Cuba, donde geografía y sabiduría han dado luz a goces tales como su ron de azúcar de caña, sus exquisitos habanos, excelentes café y cacao.
Para el viajero ahí está el mundo todo. Cultura, identidad y pasión marcan el ritmo de cada pueblo y su gastronomía. No solo de pasos está hecho el camino, sino también de sus placeres, de esos que se guardan para compartir con amigos, para invitar o consolar al que esta vez no pudo acompañarnos, para, sobre todo, no olvidar.
El equipaje, incluso cuando no se piensa, también lleva una estela. De lo más conocido a lo más peculiar se hace la huella, por eso el recorrido no termina en lo más mentado, sino en lo poco descubierto. Distintivo primero, segura evocación después, quizás aquello que usted compre sea, ¡oh sorpresa!, un verdadero souvenir gourmet.  

Enoturismo, viajar dentro de la copa


Las rutas turísticas del vino o enoturismo son prácticas muy extendidas y reconocidas en la actualidad a nivel internacional. Estas incluyen visitas a viñas, bodegas, pequeños establecimientos familiares o el disfrute de espectáculos como la vendimia.
Francia, cuna de algunos de los varietales más famosos del mundo, ofrece vinos de máxima calidad y guías turísticas para todos los gustos. Las cavas de la región de Champagne son el hogar del clásico vino espumante con el mismo nombre. Asimismo, en Reims, una de las ciudades francesas reconocidas por su  belleza, se puede visitar el pueblo de Hautvillers, sede de los mejores sabores del Dom Perignon.
En el recorrido desde Alsacia, Francia, hasta Estrasburgo, Alemania, también es posible disfrutar de uno de los más famosos y deliciosos recorridos de las rutas del vino. En todo el itinerario el viajero se topa con pequeñas aldeas y pueblos, como detenidos en el tiempo, que ofrecen en sus pequeños winstubs (vinerías de clima íntimo y atención cálida) los mejores productos de cada zona.
En el caso de España destacan los caminos de Castilla-La Mancha, Rioja, Rías Baixas, Ribera del Duero, entre otras, donde se pueden degustar los mejores caldos ibéricos. Este país, que combina su excelente gastronomía con el enoturismo, es uno de los que mayor impulso le ha dado a esta modalidad de viajes.
Entre las rutas del vino en Europa no puede faltar Portugal, productor por excelencia del vinho verde (tinto o blanco): una bebida afrutada, ácida y espumosa que apenas madura; y cuna del Oporto, cuyo sabor dulce es muy apreciado en todo el planeta.
En el caso de América, California, Argentina y Chile son los que llevan la delantera.
Con una tradición rica en vinos en la región andina, y unos paisajes que enmarcan con toda claridad la belleza de las montañas, Argentina ofrece varietales para los más exigentes gustos. En la provincia de Mendoza, por ejemplo, los visitantes pueden hacer recorridos por las mejores bodegas de la zona, además de sumarse a las degustaciones de los típicos asados combinados con el tinto malbec.
Del otro lado de la cordillera, específicamente en el Valle de Colchagua, el Central o en Curicó, entre otros, además de los habituales recorridos por las viñas, la ruta incluye visitas a varios museos temáticos y excursiones por espacios naturales y ecológicos.
En California, Estados Unidos, también existe una región con viñas y rutas perfectamente detalladas, en el Valle de Napa, pensada para degustar vinos y exquisiteces gastronómicas. Allí se puede disfrutar de una interesante combinación de museos y restaurantes, acompañadas de boutiques de vinos creadas por famosas estrellas de Hollywood.
De manera similar Nueva Zelanda, ubicada en Oceanía, ha sabido posicionarse en los primeros peldaños de producción de vino de todo el mundo. En esa región, los vitivinicultores se han dedicado a experimentar a gusto propio, sin las categorías o ataduras de Europa.
Australia, en cambio, destaca por el encanto de los tintos Syrah. El Valle de Barossa es el punto de referencia de este producto, con pequeñas bodegas y grandes casas de vino con algunas de las viñas más antiguas del mundo, y que aún siguen produciendo frutos de calidad más que probada.
Como puede constatarse, para enumerar las rutas enoturísticas de todo el mundo no nos alcanzan los dedos de las manos, ni tampoco para contar a quienes disfrutan de ellas, pues todos parecen sucumbir ante el encanto de esta nueva fórmula turística que, al parecer, ha llegado para quedarse.